Hay cosas que no cambían nunca, por más años que se tengan,
por más experiencias que se vivan, aunque creamos que controlamos mejor las situaciones cotidianas , y tampoco
ya no nos impresionamos con facilidad, en un momento todo se
puede poner patas arriba, y derrepente esa sensación de tragar
saliba, ese revoloteo a la altura de ombligo, mmm, vaya otra vez,
y el no poder aguantar la mirada, ufff.
Las cosas de la vida.

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